25 febrero, 2012

DOMINGO I de CUARESMA Génesis 9, 8-15 ; Marcos 1, 12-15

Barco en Tiberíades

LOS ANILLOS


Ya desde el principio Dios se colocó una alianza en el dedo de su mano grande. Conociendo a su criatura el hombre, Dios sabía que le aguardaban alianzas continuas, estrenos de amor casi a diario. El primer anillo quebrado, a medias entre Adán y Eva, no pudo rodar por los jardines del paraíso y terminó enroscado en la serpiente. Más tarde habrían de venir las otras alianzas del Sinaí y las permanentes infidelidades de los hombres hasta que Jesucristo ofreció su corazón como una fragua donde bruñir la última alianza que, en oro y luz, en arcoiris, nos llega cada día a la tierra. Por su generosidad, con tanta mano abierta, podemos estrenar amor todos los días, como si nada hubiera pasado. Nosotros rompemos los anillos y el Señor los recompone para que vuelvan a lucir de nuevo en la fidelidad del sitio señalado.

En medio de este ir y venir, entre besos y olvidos, Jesús ha querido someterse a las tentaciones para que consideremos que la vida es una lucha. Que no se vence una vez y basta con eso, sino que la batalla por la entregaa la fe exige para ser ganada la presencia del Espíritu que cambia la arena del desierto por oasis que reponen el cansancio. Vivir es pelear, sólo se diferencian las victorias y los fracasos en las armas que esgrime cada uno. Los humanos, como en el poema, se conforman con soñar caballitos de cartón; los que queremos alcanzar otros destinos, buscamos caballos verdaderos.

18 febrero, 2012

DOMINGO VII del TIEMPO ORDINARIO Isaías 43, 19-19 ; Marcos 2,1-12 I Corintios 3,16-23 ; Mateo 5,38-48

Entierro de pobres

TENER QUIEN NOS LLEVE

A estos años de mi vida he volado con los vientos a casi todas las copas de los árboles; con los ríos he navegado hasta encontrar la sed de las orillas; con los pobres y con los ricos he sufrido la distinta pobreza de los hombres... y, al final, en todos las historias, siempre la misma soledad: no tener quien nos lleve con amor a los destinos.

Los cuatro camilleros que sostienen al paralítico de este evangelio de san Marcos, tienen la firmeza de una fe común: creen que Jesús es la salvación. Sin embargo, es Jesús quien cree que la salvación son ellos, ellos la procuraron. Gracias a que no preguntaron si se podía abrir un boquete el tejado, a que supieron abrirse paso entre la multitud, los amigos del paralítico alcanzaron la Presencia. Alguien en su corazón debió decirles: Seguid, seguid, que la esperanza es vuestra, y aquella voluntad de músculos abiertos consiguió que el Señor admitiera su intercesión y recompensara con la salud tan gran empeño.

Y el paralítico se fue de aquella casa sin pecado y sin muletas. Gracias a Dios y a los amigos.

Santa Teresa escribió en el Libro de Su Vida: Espántame algunas veces el daño que hace una mala compañía y, si no hubiera pasado por ello, no lo pudiera creer... Pero las buenas compañías nos llevan a los sitios donde la salvación espera. En lo humano y en lo divino, el mundo aguarda que alguno de nosotros se atreva a darles ánimo, a conducirles al lugar de la vida. Hay demasiados que, solos, no pueden salir de las esquinas.

Concluye Voltaire una desconocida oración con la que también me despido: Ojalá puedan los hombres reconocer que son hermanos.

11 febrero, 2012

DOMINGO VI del TIEMPO ORDINARIO. Levítico 13,1-2ss ; Marcos 1,40-45

Estambul. Fuente

LEPROSOS

Se habla tan poco de ellos que parecieran personajes de otro tiempo, fantasmas del evangelio con su campanita y su carne deshecha. Pero siguen ahí, en las dobleces de los mapas que nadie mira, en Etiopía, en India, en las esquinas del mundo, aguardando a Jesús para acercarse a Él. Leprosos de piel o drogas o sida o religión o sexo o pobreza o vejez. Hombres y mujeres alejados de la consideración del mundo, cubiertos con el pañuelo del olvido.

En sus Hojas de hierba, Walt Witman escribía: De cada color y de cada casta tengo yo algo, de cada rango y cada religión. Aspiro el aire pero lo dejo en plenitud para los demás...

Todos somos de todo un poco y respiramos, sin saberlo, el mismo Aire del Espíritu. Vivimos en una sociedad difícil donde el fuego de la sangre tapa con frecuencia los razonamientos y adonde el otro suele ser un extraño cuando piensa de modo diferente. Según las épocas hay que salir a las calles con la campana y el pañuelito diciendo: Impuro, impuro... Vivir cristianamente crea un compromiso de actuación, libertad y respeto a los demás que no siempre se entiende sino como una persona desfasada o integrista. Ser moderno es ser ateo. Defender la vida es ir en contra de los derechos. Ir a Misa es una pérdida de tiempo... Puede que en otro tiempo tampoco hayamos actuado bien aquellos que tenemos la responsabilidad de parecernos a Jesucristo.

Sin embargo, la Iglesia, aun a cuestas con su humanidad y su pecado, sigue siendo una Institución que atiende a los leprosos del evangelio y a los leprosos sociales, como una madre que escuchara improperios y siguiera dando besos.


04 febrero, 2012

DOMINGO V del TIEMPO ORDINARIO Job 7, 1-4ss ; Marcos 1,29-39

Monasterio de Meteora

ORAR, ANTES QUE NADA

El ser humano es compañero inseparable del sufrimiento. Job, que todo lo tuvo, se nos presenta, como el olmo viejo de don Antonio, herido por el rayo, podrido en lepra, igual que un esclavo fatigado que buscase la sombra: sin hijos, sin dinero, casi sin esperanza. Ni siquiera, en lo que queda de sus entrañas, tejen su tela sedosa las arañas. Pero hay en él, lo mismo que en el olmo machadiano, el asomo de algunas hojas verdes, como si otra primavera le brotase silenciosamente, como si la vida levantara sus manos frente a las manos caídas de la muerte.

Todos te buscan, reclaman sus discípulos a Jesús. Los muchos Job desorientados por los alrededores de la vida, los leprosos del desamparo y el olvido, los padres y los hijos de las familias rotas, los proscritos por su sexualidad o su pobreza, los huérfanos, los que salen a la mar y no le brillan los peces, los ignorantes, los atrevidos, los que viven detrás de una reja porque no supieron encontrar la libertad, los ancianos, los traspasados por el cáncer... Todos te buscan. Y los que aún no te encontraron, también te siguen buscando. ¡Qué agobio ser la orilla de tanta debilidad! ¡Qué inigualable corazón se necesita para no ahogarse en semejante tragedia!

Cuantas más voces gritan y más llantos reclaman, más se necesita la oración. Jesús busca su isla y su tiempo para orar. Y en la oración amamanta las desdichas de quienes le rodean, suplica por ellas y sale del encuentro con el Padre fortalecido y sereno, sabiendo responder y conformar a los que no han recibido más que sombras.

Solo, teresianamente a solas, sin más luz que la que ardía en su corazón de hombre, buscaba a su Padre desde el fuego de su necesidad y todos cuantos después lo hallaban de Él mil gracias recibían...

Indispensable es la oración para cambiar de ánimo y descubrir que es posible, entre tanta rama quebrada, tras los secos olmos de la vida, encontrar una rama florecida, el Dios seguro de la segura primavera.

28 enero, 2012

IV DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO. Deuteronomio 18, 15-20 ; I Corintios 7, 32-35 ; Marcos 1, 21-28

Bóveda. Castillo papal de Aviñón

LAS DIFERENCIAS

Coincidiendo en la idea común de las diferencias, las tres lecturas de este domingo nos ofrecen luz a la hora de los contrastes.

Diferencias entre profetas verdaderos y lenguaraces. Entre ministros casados y solteros. Entre las palabras de Jesús y las de los escribas. Y, ante las diferentes opciones, la libertad de escoger.

La diferencia entre un profeta verdadero y uno falso es parecida a la del que sueña con el que está dormido. Si dormimos ante la tarea de proyectar lo que de Dios hemos recibido, quién nos alcanzará la luna, como recordaba Camus en su Calígula. Para soñar con verdad, es indispensable la oración porque quien habla solo, espera hablar a Dios un día; conversaciones que ha de bendecir la Iglesia para que no se caiga en la tentación de ofrecer vanos testimonios... Ahí viene el soñador, decían al verlo los hermanos de José. Y aquel soñador, sin embargo, les regaló pan y perdón, y con él tuvo Egipto un gobernador que para nuestras vacas flacas quisiéramos.

Aconseja San Pablo que es preferible la soltería al matrimonio porque la experiencia señala que el célibe cuenta con otra clase de libertad para servir más adecuadamente al Reino de Dios. Pero San Pablo sólo aconseja, quizá se pueda servir también de otra manera.

Y la autoridad con que habla Jesús, a diferencia de cómo hablaban los escribas, es la misma del que habla sin creer ni vivir en lo que dice y el que está convencido que sus palabras le nacieron en el corazón y las vive dichosas cada día. La Palabra verdadera es eficaz, por más que en la historia sucesiva algunos lleven más de veinte siglos aguardando inútilmente que se marchite.

21 enero, 2012

DOINGO III del TIEMPO ORDINARIO. Jonás 3, 1-5ss ; Marcos 1,14-20

Catedral de Toledo


VOCACIÓN Y MISERICORDIA: LOS RAYOS QUE NO CESAN

Hablando del incierto futuro que tienen nuestros hijos a la hora de conseguir trabajo, uno de ellos quiso quitarle dolor respondiendo: Los jóvenes de este país tenemos tres salidas: por tierra, mar o aire...

Cuando Dios llama, ni siquiera esas salidas nos brindan escapatoria. Se puede hacer el intento de huir, como Jonás, al requerirle su ayuda para que Nínive se convirtiera. O quedarse extasiados ante la mirada de Jesús, como Andrés, Juan o Pedro, que sólo estaban acostumbrados a los ojos del agua. Se puede justificar, como Moisés, el no tener la lengua ligera... Pero cuando Dios se fija en alguien, nadie hasta ahora ha encontrado sitio para esconderse, ninguna voluntad puede cruzarse de brazos porque unas manos te llevan, inevitablemente, a los asombros.

Jonás quiso escaparse sin Dios y pronto supo que sin Él no hay destino. Juan, Santiago, Pedro... prefirieron que la luz los rodeara antes que extraviarse sopesando el cálculo de las dudas.

...El rayo que no cesa de la vocación se resiste hoy a invadir la decisión de los jóvenes, que les cuesta más que nunca elegir entre réditos inmediatos o fortunas a largo plazo, entre responsabilidades laboriosas o contratos de amor por unos días. Les recordamos que Dios es buen pagador, como decía Santa Teresa, y sabe juntar lo humano con lo divino para que tampoco el corazón de carne se sienta deshabitado.

También, y acaso sin saberlo, las Nínives de nuestro tiempo aguardan el otro rayo que no cesa de la misericordia desde las manos elegidas para regalar el perdón. Desde la Iglesia y sus ministros que ofrecen paz en los sacramentos. Los dos rayos --no podemos olvidarlo-- precisan de una llamada y de una respuesta. La primera está asegurada; la segunda, aún tiembla en la perplejidad de cada uno.


14 enero, 2012

II DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO. I Samuel 3,3bss ; Juan 1,35-42

Molino y nubes

LAS VOCES Y LOS ECOS


Se detenía de vez en cuando don Antonio Machado a distinguir las voces de los ecos, como la mejor medida para no caer en el engaño de los fuegos artificiales. Hoy nos llaman, como a Samuel en la noche, y no sabemos si es el amor o el viento que se derraman ansiosos en la palabra. O el eco de pretensiones incumplidas. O la tristeza vieja con máscara de risa. Lo cierto es que Dios nos llama cada día y lo confundimos con el frutero, con el vendedor de mantas o con cualquiera que nos traiga una respuesta inmediata a la necesidad. Buscamos sólo pañuelos para el llanto...

Dios se escucha en el silencio y se ha aprendido nuestro nombre de memoria para llenar de ternura esa palabra que sale de sus labios y que es única en el modo de pronunciarla. Por más Samueles que haya, para cada uno guarda Dios su entonación. Como en la yema de los dedos, cada nombre tiene su raya y su dibujo inconfundibles.

Oír la voz de Jesucristo, ese es el desafío de nuestra época, para vivir la comunión cristiana desde la singularidad del que se siente elegido en la voz de un nombre que se ajusta a los labios de Dios de diferente manera. Oírlo. Distinguir las voces de los ecos y pasarse con Él la tarde, desde las cuatro en que lo vio Juan, hasta el mayor conocimiento de saber dónde vive, qué secreto guarda, qué luz le llega del cielo cuando mira.

Nada hay más gratificante que el saberse amado en el corazón particular de Su Palabra. Nada conviene más que salir al encuentro de Su Voz, engalanada con el timbre de la fidelidad, igual que el molino sale todas las mañanas al viento hasta que el grano se transforma en harina. Hasta que podamos aprender del todo que ser cristiano es, fundamentalmente, una preocupación porque no se acumule cerumen en los oídos.

08 enero, 2012

BAUTISMO DE JESÚS. Isaías 42, 1-4ss ; Hechos 10, 34.38 ; Marcos 1, 7-11

Río Jordán. El sitio del bautismo

LOCOS EN EL JARDÍN

Puede que sin pensar en Adán y Eva, el Santo Padre acaba de decirnos que el mundo occidental ha perdido la brújula y no encuentra el sentido de sus vidas. Como nuestros primeros padres se volvieron locos en el jardín, así nosotros hemos perdido el rastro del perfume de Dios... y se nos están marchitando las rosas en la mano.

La memoria del Bautismo de Jesús, sin embargo, nos ofrece hoy un agua fría capaz de despertarnos de este sopor que nos lleva a la decadencia. A perder el entusiasmo para los mejores atrevimientos. El Bautismo de Jesús, el de cada uno, nos alcanza una identidad de tareas comunes que nos faltan llevar a cabo como familia creyente.

Una frase nos bastaría escuchar para sentirnos vivos y consecuentes: Tú eres mi hijo, el amado... con esta larga palabra oída con el corazón, la tristeza de estar acabando o de haber hecho lo suficiente, que tantas veces se apodera de nosotros, saltaría de su silla de ruedas para abordar el emprendimiento que nos pide Isaías y que Cristo realiza: promover el derecho en los pueblos. El derecho a la vida y el derecho a la dignidad que toda vida merece.

El agua fría del bautismo hará que despierte hoy en nosotros la responsabilidad activa de promover en el mundo el derecho a que toda vida alcance su luz y su destino. A impedir que nadie impida que los aún no nacidos se sustenten en el gozo de Dios. Y a facilitar, desde la preocupación y el empeño, que todos tengan jardines donde volverse locos, con la otra locura de saberse amados.

De nuestra decisión depende que las brújulas no sigan escondidas.

06 enero, 2012

EPIFANÍA del SEÑOR. Mateo 2, 1-12

Tapiz Adoración

LOS OTROS CAMINOS


La liturgia de la Epifanía del Señor, el día de Reyes, trae en sus manos el repetido gesto de la luz en la noche, de la envidia de Herodes y el de la posibilidad de otros caminos.

En la noche se escucha el desenfreno de la soledad que ruge buscando compañía, los pájaros en su sueño sobre el escaso resplandor de una rama, la luna caprichosa temblando sobre el agua... La noche es también la duda, el extravío del alma, pero sólo en el dolor de la noche puede reconocerse la estrella personal que nos indica una presencia nueva. Sólo en ella Dios se acuna como la inquietud que ha encontrado su sitio.

Herodes tuvo miedo de que otro Rey más rey le arrebatase el trono. Miedo a que la luz descubriera que su poder no era más que una complacencia de Roma, un convenio de intereses expuesto a que se lo llevara un viento fuerte. Y recurrió al engaño de que él también quisiera adorarlo si supiera dónde había nacido ese Niño que algunos pueden confundir con un rey. Engaño que un sueño otra vez desenmascara.

Cumplida su misión y los regalos, los Magos volvieron a la rutina de su vida, a seguir mirando al cielo desde la inquietud de los pueblos donde vivían, a sentir la satisfacción de que su estrella no era una locura, sino la respuesta a la noche. Vieron a Dios y ya no les valía el viejo camino que trajeron, necesariamente habían de regresar por el camino de la luz... otros son los recorridos cuando Dios acompaña.

31 diciembre, 2011

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS Lucas 2, 16-21

PASTORES

Seguramente los pastores vieron también una estrella. Nadie puede hablar así de un niño sin un conocimiento profundo, misterioso, desbordante de una novedad que superaba la luna y la escarcha de aquel diciembre.

Después, todo el mundo fue preguntando a los pastores qué habían visto, qué blancura distinta dejó la luz en los pañales. Por eso, fray Juan de la Cruz no le quedó más remedio que escribir: Pastores, los que fuereis allá por las majadas al otero, si por ventura vierais a aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero... morir por no haberlo visto. Vivir para poder verlo. Que este año 2012, entre los cortinajes de la niebla podamos descubrir al Dios asomado al ansia de cada corazón esperanzado.

La impaciencia ha dominado la historia de los hombres. Con la impaciencia de la Virgen se adelantó el anuncio del sí quiero. Por si llegaba otro ángel con otro sueño, se impacientó José, desvelado en la noche. Se impacientaron los Magos porque esa estrella en el cielo era más luminosa de lo que esperaban...

Pero la impaciencia cristiana debe ser dichosa porque el Amor de Dios, gracias al Niño, comienza a deshacerse en la boca.

17 diciembre, 2011

DOMINGO IV de ADVIENTO. Lucas 1, 26-38


bronce Anunciación. Roma

DARLE EL CORAZÓN A LA PALABRA

Vamos por el mundo reclamando signos, imágenes, certezas que nos permitan descubrir que no estamos solos, que somos amados. Seguro que la Virgen llevaba mucho tiempo sintiendo en las entrañas un escalofrío, como el temblor de una hoja que se adelanta al viento. Y le llegó el anuncio de parte de Dios cuando estaba a punto de preguntarle a José de donde venía aquella fuerza que se iba adueñando de su vientre.

-Has hallado gracia delante de Dios...

Y a María se le quedó en su corazón dormida la Palabra. Salió de su escondite el miedo. Sintió la turbación como un pudor grande del que se sabe pequeño y terminó la conversación con el ángel arrojándose al lago de la esperanza:

-Aquí está la esclava del Señor... con la dicha del que se sabe elegido, con la firme certeza del que se sabe amado. Y la Palabra echó a rodar para que nunca acabe el diálogo de amor de los hijos con el Padre.

Mi amigo Martín Portales viene a decir que la poesía es el nido adonde acude la palabra... Al vientre purísimo de María ha acudido la Palabra de Dios para que el mundo siga creando y creyendo salvación.

10 diciembre, 2011

DOMINGO III de ADVIENTO Isaías 61,1ss ; Tesalonicenses 5,16-24 ; Juan 1,6ss

árboles en esperanza

LA VIDA A EXAMEN

De vez en cuando se tiene conciencia de que la vida es una encrucijada llena de miedos y de posibilidades. El que ha sabido elegir goza del mayor don que Dios regala en este mundo porque, acertar en la diana de cada circunstancia es dejar atrás los cadáveres del sufrimiento y sujetarse a la dicha que supone el encuentro con lo más puro de la luz.

El tercer domingo de adviento, que solemos llamar de gozo, nos ofrece excelentes materiales bíblicos para construir en nosotros la casa de la alegría: Estad alegres siempre, nos recuerda San Pablo, pero ¿cómo?, ¿qué camino seguir en los numerosos caminos que se nos presenta a diario, llevando cada uno su propia hermosura y su desatino escondido?. Nos rendimos casi siempre al descubrir que, con este pulso, no acierta la mano con la herida. ¡Estad alegres!.

Demasiadas equivocaciones en demasiados años detienen en su muro la alegría. Sin embargo, nos bastaría para aprobar el más difícil de los exámenes, respondiendo acertadamente con las tres propuestas-preguntas de Isaías y con la sola exhortación de San Pablo:

-¿Sabemos el sitio donde están los hornos de la luz para llevar luz y ejemplo a quienes insisten con los ojos cerrados?

-¿Sabemos llegar a la fragua donde se rompen las cadenas que esclavizan la voluntad para que el bien no pueda emprender su viaje y su vuelo?

-¿Sabríamos enterrar el corazón rencoroso, dónde se olvida el daño y se recupera la ternura?

...En el ESPÍRITU, sólo en el fuego del Espíritu danza la alegría de su llama que alumbra, en la que Dios se desvela.

03 diciembre, 2011

DOMINGO II de ADVIENTO. Isaías 40, 1-5.9-11 ; 2Pedro 3,8-14 ; Marcos 1,1-8

El Bautista. Greco

EL CONSUELO

Sólo Dios tiene una mano grande y un inmenso brazo para que pueda llegar a todos su consuelo. ¡Consolad, consolad a mi pueblo!, dice el Señor desde Isaías... y resulta inevitable que hoy llevemos esa consolación a los ancianos, a los sin trabajo, a los desalojados, a los enfermos... porque hoy es más grande la herida y a todos nos salpica el dolor y la sangre.

No nos descorazonan en esta liturgia los profetas señalando pecados, ofreciendo amenazas. Hoy alarga Isaías su bondad para que sintamos el abrazo indispensable del Padre que nos consuela ante las pobrezas que nacen de las injusticias, ante la impotencia de superar las equivocaciones, ante la yerma desesperación de los que no encuentran horizonte.

¡Consolad, consolad a mi pueblo!... y, escuchándolo, se nos achican las piedras y las sombras, se alcanza a ver la nube después de la sequía y se nos anticipa la condición de hijos, porque el consuelo es una caricia, un precio que se paga por la desventura, una sabiduría que sale por fin de su escondite.

No existe camino torcido que no pueda enderezarse, ni corazón que toda la vida sea una piedra, ni labios que nunca hayan besado, ni nudos que no puedan desatarse... cuando Dios consuela se pone en movimiento la maquinaria de la vida y aparecen estrellas y rosas donde más arena había, donde nos había rendido la tristeza... El que viene detrás de Juan, no sólo perdona los pecados, sino que nos consuela por haberlos sufrido.

... Y María Santísima, en diciembre, nos abre los ojos de su dicha para que ni siquiera sean precisas las palabras.

26 noviembre, 2011

DOMINGO I de ADVIENTO. Marcos 13, 33-37

Calle de Pompeya

EL FIN DEL MUNDO

En tiempos de Jesús, después y ahora, seguimos con la inquietud de no saber cuándo llegará el día final en que los montes se derritan como cera y la luna caiga a nuestros pies como una taza quebrada. Seguimos sin saber el día ni la hora porque nuestros relojes no sirven para medir eternidades.

Personalmente nunca me preocupó el espanto de ese día porque entiendo que el fin del mundo llega, o va llegando, cuando te levantas una mañana y no hay quien te pueda poner los calcetines o te asomes a la calle y nadie te vea ni te pregunte cómo has pasado la noche. El fin del mundo llega cuando uno echa mano a su corazón y siente que Dios duerme o que se ha ido. El fin del mundo es haber acabado con las esperanzas.

Adviento nos enseña a romper con las temeridades recordándonos que la vida del hombre sobre la tierra es contemplación y vigilancia, trabajo y agradecimiento. Quien contempla descubre por qué despunta la flor en primavera y, si vigila su crecimiento, gozará a su hora del perfume. Quien trabaja no espera a que llegue la semilla, se adelanta a buscarla y prepara la tierra para ella. Y agradece que la luz y el agua coronen con sus manos la esperanza.

Que Jesús está por llegar nos lo anuncian los pálpitos de la fe, la urgencia de nuestro tiempo que reclama una transformación de todo. Nos lo dicen los ojos interiores que están cansados de tanta oscuridad. No hay más que poner el oído y escuchar el eco de un nacimiento necesario.

Adviento no es el final del mundo. Es el principio.

19 noviembre, 2011

DOMINGO XXXIV del TIEMPO ORDINARIO. Mateo 25, 31-46

Manos agradecidas


UN REY DISIMULADO

Cada noche aparece al borde de la cama la fatiga de no haber acertado. Del mismo modo que el viento no puede detenerse en las banderas, la conciencia también se agita pensando que la caridad es una rama quebrada en nuestra condición de cristianos.

Para vivir, Cristo se quita la corona y se viste de hambriento, de ajusticiado sin causa, de perseguido... Se viste de hombre en sus circunstancias y levanta los brazos y la voz para recordarnos que la vida es apenas una mano y un instante. Mano la del que pide; instante, el del que sabe aprovecharlo para llenarla.

Solemos buscar a Dios en la lejanía de los místicos, en la insistente oración frente al Sagrario, en la piedra del alma que se nos cae cada vez que intentamos subirla a la cima... En todos esos empeños está Dios, pero se deja ver al trasluz, muy recortadamente, y tampoco tenemos certeza de si es Él o el fantasma de nuestro deseo. Sin embargo, se reconoce con más claridad en la mano alzada del que viene con hambre, o soledad o miedo. Del que viene con lágrimas, como ayer, cuando se me acercó sin consuelo una mujer con certificado médico en el que estaba escrita la palabra cáncer.

En un puñado de espumas se nos va la tarde. Y la vida se nos va con los ojos cansados de tanto buscar a Dios entre la niebla...

Es más fácil encontrarlo en los ropajes de cada día, en la madera de los barcos que salen a faenar, en las sábanas de los moribundos... Dios deja su corona al borde de las necesidades o debajo de las almohadas, para que tenga su brillo y su oro la esperanza.

12 noviembre, 2011

DOMINGO XXXIII del TIEMPO ORDINARIO. Mateo 25, 14ss

El talento de la Madre Teresa

TALENTOS PARA CONOCERSE, DESARROLLARSE y JUSTIFICARSE

En tiempos del Señor un talento equivalía al precio de lo que pesaran treinta kilos de plata (o de oro, según qué lugares). Con un talento se podía vivir sin aspirar a mucho.

Por asociación, los talentos son las capacidades que nos ha regalado Dios para vivir. Aunque unos tengan más y otros menos nos parecemos todos, inevitablemente.

Conocer las propias cualidades y los propios asombros es tener medio camino recorrido. Si no hay espejos en el mapa de la vida no podremos saber qué sol se enredó en los cabellos de la mañana, ni qué significan los pálpitos de la mirada ni por qué los pájaros nos cantan desde los árboles sin apenas motivo. Todo en la vida nos presta su metro de medir las capacidades del alma y, con ellas sabidas, será más fácil aspirar a lo que es posible, ser oportuno en cada circunstancia y no presentarnos ante los demás con un traje que nos viene largo o con los zapatos estrechos que fueron de un menor difunto. Sin conocerse, es muy dificultoso hacer un plan que evite el despilfarro de los talentos.

El que apunta el evangelio que sólo recibió un talento, tuvo miedo, se sintió sin fuerzas para arriesgar con lo recibido. Este hombre no sabía que la plata se vuelve tierna cuando rueda en busca de destino, que se enmohece la sabiduría si no la muerde la boca de los ignorantes, que el ser humano sólo se desarrolla si brinda a la luz sus monedas de sombra. Nada de cuanto tenemos nos ha sido dado únicamente para disfrute, sino para que disfruten los demás con nosotros.

Aunque Dios no nos pida justificaciones ni recibos, la propia dignidad exige hacer cuentas con nosotros mismos. El aire lento de la tarde trae sus cuadernos escondidos bajo el brazo para que justifiquemos en ellos dónde fueron a parar el amor y la plata, a qué corazón se trasladaron los beneficios de la dedicación y la palabra, de qué rama cuelgan los deseos ofrecidos para provecho ajeno... Si a la tarde pudimos conseguir que lucieran en nuestras manos las monedas, Dios inventará una profesión desconocida: la de banqueros felices.

05 noviembre, 2011

DOMINGO XXXII del TIEMPO ORDINARIO. Sabiduría 6, 12-16 ; Mateo 25, 1-3

Retrato de mujer. Diego Rivera

LÁMPARAS

Hacía tiempo que Margarita no confiaba en la lámpara de su boca. Hablaba o refería cosas como el que acaba de llegar de una sombra. Margarita tenía los ojos adormilados del que no ha aprendido aún a soportar la luz. Un día le llegó la primavera y tuvo que cubrirse con las hojas de pasados otoños. Margarita no se daba prisa por vivir porque nadie en la vida la esperaba. Sólo era capaz de asomarse en las mañanas por si podía descubrir algunas evidencias.

A sus treinta y dos años decidió calcular el abismo más alto para asegurarse que no regresaría. La luna, a su aire, no tenía dueño aquella noche. Pero una extraña mano la detuvo, salió al paso de su pensamiento, y llenó de caricias su miedo.

-¿Cómo te llamas?, preguntó Margarita a quien la sostenía.

-Mi nombre es aire y mi destino es descubrir a los perdidos para mostrarles el camino de la Verdad. Ofrezco mi sangre dulce a los olivos para que pueda encontrarse en ellos el jugo de la luz. Otros me llaman Sabiduría. Los más amigos me llaman a tientas el Esposo. Y hoy alumbro los temblores de tu mano para indicarte dónde el Amor vigila: ¿Ves en el horizonte aquel Silencio?. Pues allí Dios se pone de rodillas para hablarte...

Y Margarita, cuando a los pocos meses una niña le preguntó qué edad tenía, respondió con voz adolescente que apenas si sabía hablar de lo pequeña que era.

29 octubre, 2011

DOMINGO XXXI del TIEMPO ORDINARIO. I Tesalonicenses 2,7b ss ; Mateo 23, 1-12

Alambradas de la fe

LA DOBLE VIDA

Desde siempre, llevar una doble vida se ha considerado como una traición a la verdad, como el que saca su máscara de cada día para no parecerse a sí mismo. A esos, se les llama hipócritas, mentirosos, gente de poco fiar. Sin embargo, esa doble o triple o múltiple manera de vivir obedece a la muchedumbre de ansias que llevamos en el corazón y que, al menor descuido, se acomodan en lo alto las que más brillan dejando inmediatamente una satisfacción. Cuesta mucho trabajo sujetar las riendas de los deseos para que sólo asomen sus ojos los valores, la placidez de una vida virtuosa, la serenidad que regala en el comportamiento el haber ganado las batallas. Cuesta mucho trabajo sortear las curvas de la vida.

Hace muchos años, en una ciudad donde estudiaba, había colas en esa iglesia para confesarse con el mismo sacerdote. Pregunté, cuando pude, los motivos y una anciana supo responderme: este padre, digas lo que digas, siempre termina su consejo con una sola palabra: COHERENCIA. Y venimos a oírla de sus labios con el deseo de que alguna vez se nos meta en la sangre y dejemos libre a la fe de nuestras alambradas...

No basta sólo con escuchar la palabra coherencia, es preciso educarse en ella desde el principio y, si no se ha podido, nunca tirar la toalla del desaliento a pesar de los años y los hábitos, nunca desfallecer porque Dios se presenta en el alma cuando quiere y enciende en cada habitación la luz que necesita.

22 octubre, 2011

DOMINGO XXX del TIEMPO ORDINARIO. Éxodo 22, 20-26 ; Mateo 22, 34-40

Ruina y niño

DE SEMILLAS Y FRUTOS


Del mismo modo que cuando se escriben las palabras quedan prisioneras en la hoja, cuando en Dios se ama, se transforman las manos en un nervio de frutos, en un torrente de generosidades.

Reunidos tres curas en cónclave de amigos, dedujimos que el buen sacerdote ha de pasar por una experiencia de tres momentos enriquecedores: una etapa formativa, otra contemplativa y otra misionera. Desde esa lluvia trinitaria sobre nosotros, se entendería mejor lo indispensable que es llevar siempre un buen libro en el corazón y en el tiempo, descubrir el arrullo de Dios incansable sobre el pecho sereno, y llevarlo todo, finalmente, a lo cotidiano con la certeza de que la vida por Él será maravillosa.

DOMUND, a mi entender, significa esa precisa sabiduría de saber trasladar la esperanza humana al que se ha quedado en la ruina, la fuera de Dios para salir de ella y la transformación que llega cuando es el amor a Dios y al prójimo la razón primera y única por lo que cobra sentido cuanto hacemos.

Si poco a poco aprendermos a ir nuestra tumba con ramos de espigas en las manos, la semilla que caiga en la tierra difícil tendrá su lluvia y su fuego antes de la cosecha que segarán los otros. Pero hay que aprender a ir, saber ir llegando, con los modales de Dios en la conversación y en las ayuda. Hay que envejecer misioneramente, conociendo con qué fin fuimos llamados.

15 octubre, 2011

DOMINGO XXIX del TIEMPO ORDINARIO. Mateo 22,15-21

C.Faroles.Córdoba

DIOS SOBRE TODO

Pocos pueden discutir que en el ser humano el pensamiento es el que gobierna sus actos. Que tendrá mejores resultados si al pensamiento lo asisten sabiduría y valores elegidos en libertad. Todo se conoce por sus frutos.

Personal, familiar, social y políticamente, el hombre no actúa de una manera u otra, según convenga a las circunstancias, sino que todo en él está impregnado de la luz motivadora para dirigir sus pasos. El que es católico, llena de su fe su quehacer diario, no es sólo católico en la iglesia los domingos, sino en el trabajo y en las diferentes funciones que desarrolla a lo largo de su vida. Por eso es impensable que pueda separarse, en lo personal, la vida de la fe. Otra cosa, y muy distinta, es que alguien crea que la Iglesia pretende imponer sus valores a una sociedad. La Verdad ni la Hermosura ni la Paz ni la Libertad ni la Vida pueden imponerse a nadie: son ellas las legítimas ansiedades del corazón humano.

Cuando le presentan a Jesús, con mala idea, la moneda para que decida después de los halagos, el Señor que conoce el nacionalismo de los fariseos y el colaboracionismo de los saduceos, eleva la respuesta para no caer en la trampa de dar la razón a unos u a otros, y señalar que la efigie del César está en las monedas que se gastan, y Dios inscrito en el provecho de todas las decisiones.

Santa Teresa de Jesús, cuya fiesta celebramos hoy todos sus hijos, cerró las prevalencias y las dudas con una sola frase: SÓLO DIOS BASTA.

08 octubre, 2011

DOMINGO XXVIII del TIEMPO ORDINARIO. Isaías 25, 6-10 ; Mateo 22, 1-14

Boda de Felipe IV y María de Luxemburgo


TRAJES DE GALA


En toda invitación deben ajustarse convenientemente dos partes: La grandeza del que invita y la adecuada respuesta del que es invitado. En esto, como en toda relación humana, son importantes las maneras que, si además salen del corazón, cobran aún mayor relevancia.

Este Rey de la parábola no ha querido señalar el protocolo de cómo deben vestir los invitados. Se sobreentiende que a tal señor tal honor, pero algunos han elegido ir vestidos, más por curiosidad provechosa, que por cortesía agradecida... Y se han encontrado con la amonestación que recibe todo aquel que actúa sin tener en cuenta a los demás: nadie va a ver al Rey en mangas de camisa. No hay más que aprender de la naturaleza que también se viste de gala despidiendo a la lluvia.

De pasada, consideremos sólo una pregunta: ¿Cuántos pasan por el confesonario antes de comulgar?.

Y, por si fuera poco, este Rey ha invitado a las bodas de su hijo en el momento en que se está gozándose de una juventud estallada en placeres y asombros. O cuando se está a punto de preparar oposiciones. O cuando se disfruta con el primer hijo o se sufre con el primer despido. Este Rey es un inoportuno...

Y el traje de gala del encuentro se queda en el reloj de la vida como una tarea pendiente, como sueño deslucido. Se queda en las estanterías del alma como los viejos libros que nunca hemos leído.


01 octubre, 2011

DOMINGO XXVII del TIEMPO ORDINARIO. ISAÍAS 5,1-7 ; MATEO 21, 33-43

MORIR DE MALA MUERTE


En viejas leyendas que los viejos cuentan se recogen argumentos para que el pueblo de entonces entendiera en qué secretas manos se guardaba el agua antes de la lluvia o de qué oscuro escondite había salido el sol, que tanta vida y mañanas nos regala.

Sucedió --explicaban convencidos-- que muchos jóvenes se echaron a las llamas, invitados por los dioses, con la promesa de que serían luz para siempre, calor y bien para los hombres. Y de su atrevimiento y de su fusión con el fuego, el viento elevó a la altura su candela después de convenir con la noche que la luz podría dormir algunas horas. El sol había nacido de ellos. Los jóvenes se habían sacrificado, pero nunca más el mundo estaría a oscuras.

Dentro de la cuidada viña de Isaías fluye una dedicación de amigo. Está seguro el profeta que con tanto amor y vigilia, las cepas darán uvas doradas, vinos dulces, respuestas embriagadas... Sin embargo, de poco sirvió tanta delicadeza porque la cosecha que debió venir se convirtió en agrazones. E Isaías se fue con su dolor a buscar otros modos de esperanza.

Jesucristo va más allá en la viña, en el cuidado y en la responsabilidad de que el dueño vendrá a recoger de los viñadores los frutos que luego serán repartidos. Aquellos jóvenes, que debían haber trabajado, no se echaron al fuego del esfuerzo, y por eso no hubo uvas ni sol que repartir; antes al contrario, mataron al Hijo que venía a disfrutar con ellos el vino deseado... ¿Qué hará el dueño de la viña, entonces, con tan dispendiosos criminales?. Los hará morir de mala muerte condenándolos a vivir de mala vida.

17 septiembre, 2011

DOMINGO XXV del TIEMPO ORDINARIO. Mateo 20, 1-6

Parrales de Miranda

EL AMOR Y LAS UVAS

Las parras garantizan la sombra en los viejos patios de las viejas casas y, con los muchos racimos apretados, el vino llena las sobremesas de la vida. Jesús ha comprado las cosechas del mundo para que en el Vino de la Eucaristía recordemos su amor infatigable.

Parados y ociosos estaban aquellos jornaleros en la plaza, sin más porvenir que la esperanza y la palabra, cuando Jesús les invita a trabajar con Él en su campo y su tarea. Con un denario están bien pagados y no se lo piensan dos veces. Más tarde llegan otros y otros más tarde, que han de trabajar las pocas horas de sol que al día le quedan. A todos les paga igual porque su Amor no entiende de pesos ni medidas. Porque su Amor no es justo. Y se enfadan los que comenzaron a arrancar las uvas del amanecer...

Pensar al modo de Dios es desborde para las hechuras humanas de la inteligencia. Creemos tener los dedos para contar, la cabeza para los cálculos y el corazón para los deseos. Todo lo más, y raramente, unos ojos distintos y una fijación de ternuras, pueden retenernos sin pedir mucho a cambio. Dios no tiene en cuenta las viñas ni sus rendimientos, mira sólo la voluntad, las manos y los cansancios de los que decidieron seguirle, a pesar de las quejas.

Hoy, con tantos parados en las plazas. Con tanto personal contando, apenas sin remedio, sus tristezas, necesitamos muchos como Jesús que favorezcan el trabajo sin que miren demasiado sus ganancias. Hoy es tiempo de generosidades.

10 septiembre, 2011

DOMINGO XXIV del TIEMPO ORDINARIO. Eclesiástico 27,33 ; 28,9 y Mateo 18, 21-35

Siena y ciprés

AJUSTE DE CUENTAS

Dice un amigo mío que Toda la luz es un tránsito. Como la vida. Como el viento. Por eso el libro del Eclesiástico advierte lo bueno que sería pensar en el fin y cesar en los enojos. Sobre todo a la tarde, como escribe San Juan de la Cruz, cuando oscurece el sol humano en los horizontes y aún tenemos el amor como asignatura pendiente.

Al ser Dios un exceso, es decir, una realidad que nos desborda, nos sigue costando mucho trabajo entender las formas que tiene de relacionarse con sus hijos, fundamentalmente en los amores y en el perdón. Sería más fácil ajustar los tipos de cielo que corresponden según las conductas. Sería más entendible la lógica, pero Dios no ajusta cuentas, regala sus abundancias. La larga libreta de las deudas hace tiempo que fue quemada en el Árbol de la Cruz; y la memoria de lo que fuimos, ha sido por su amor olvidada. Sencillamente esto es lo que nos pide hoy su voz y su liturgia: que tratemos de parecernos a Él, que nuestros perdones no sean a medias y que no acunen en la sangre de la memoria viejos desprecios.

No afrontes el perdón como un acto de justicia, sino como un regalo, como una forma de ser. Y piensa dulcemente como Jiménez Lozano, que el Juicio Final es casi seguro que se suspenda a causa del mal tiempo.


03 septiembre, 2011

DOMINGO XXIII del TIEMPO ORDINARIO. Ezequiel 33, 7-9 ; Mateo 18, 15-20

Muro de las Lamentaciones


CORRECCIÓN FRATERNA

El centinela es el que avisa, no el que ataca. Ezequiel nos brinda el conocimiento del sitio donde hemos sido puestos por Dios: una atalaya, la altura desde la que se divisa el horizonte y sus peligros... y las salidas del sol por las mañanas. Por las almenas de las atalaya nos pide trasmitir la Verdad que nos ha sido comunicada desde el servicio al Evangelio y a la Iglesia.

Para eso y para todo es indispensable el amor. Porque con nadie debemos tener otra deuda.

Los avisos y las correcciones fraternas que el Señor nos pide que hagamos en el evangelio de hoy, sólo pueden transformar las vidas propias y las ajenas si se hacen con amor. Nadie se deja corregir sino por aquel que antes le ha amado. Sólo se acepta la corrección si viene sin envidias, sin malas intenciones, sin arrogancias o superioridades. Cristo, el Hijo de Dios sin pecado, se bajó a la llanura para corregirnos desde el mismo nivel de la humanidad.

Así, como el amor iguala, el corregido debe notar en seguida que no se le está llamando la atención con superioridad, sino por otro que también necesita ser corregido, que también es pecador.

Con amor y a la misma altura, los demás subirán con nosotros a la atalaya hasta que nos llegue la Luz y nos enseñe el Viento.