14 abril, 2007

DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA (C) Juan 20,19


CON LAS PUERTAS CERRADAS
Los precisos detalles del evangelista marcan los matices de este encuentro que Jesús resucitado tiene con sus discípulos, que en Juan quieren decir ya pueblo creyente. Como cuando se refiere a los judíos está señalando sólo a las autoridades. Y los rasgos más significativos vienen iluminados por cuatro palabras para la dicha: Fe, Paz, Alegría y Misión. Para cada una, tiene un libro la lengua.
FE
Aunque no dependa de nosotros, la fe requiere una voluntad de puertas abiertas, que es como pañuelo con el que Dios reconoce que tiene el paso libre. Nunca olvidemos que la fe es anterior a nosotros, es fe de la Iglesia y se desarrolla y se purifica en comunión con ella. No caigamos en la tentación de una fe particular, caprichosa, arbitraria, porque esa no es la fe en Jesucristo.
PAZ
Acostumbrados estamos a "procesos de paz", "situaciones de paz"... los creyentes tenían miedo a los dirigentes judíos y, por tanto, no podían desarrollar la paz recién traída por Jesús a su corazón. Por ser seguidores del Mesías, se jugaban sus trabajos, se sentían perseguidos como secta y en muchas ocasiones se tambaleaba su libertad y su vida...
Hoy no se nos persigue directamente, pero sí podemos reseñar que en el subsuelo de la sociedad están dispuestas y disimuladas trampas para que el cristiano tenga serias dificultades en el desarrollo de su fe.
ENVÍO
Cuando existen cortapisas en la evolución de nuestros proyectos cristianos, puede que sobrevenga el decaimiento y una cierta impotencia que se manifiesta en cansancios del alma. Hemos sido enviados a proclamar el mensaje de Jesucristo que, fundamentalmente, proclama el amor y la misericoridia, y nada ni nadie debe ser más fuerte que nuestro ánimo para que esa confianza de Jesús en nosotros no se sienta defraudada.

1 comentario:

Gabriela dijo...

Hace tiempo escuché ese relato de la "muerte" de San Juan. Señor más paciencia, más dolor, más amor. La paciencia para empezar a vivir la vida, el dolor mientras transcurre, el amor para concluirla. Qué el Señor nos de el don de esas palabras en nuestros labios y el deseo de pronunciarlas.